Durante más de una década hemos sido testigos como los postulados de la nación se fueron al traste, para dejar a merced de la violencia y sus actores los cerca de 50 millones de compatriotas sin esperanza alguna, la elegibilidad política y la impunidad que trajo el disparate de proceso de paz fallido, deja a sus largas y anchas todo el caos que hoy vemos no solo en la Colombia profunda, en donde administran justicia las botas de caucho y los fusiles, sino a merced de la delincuencia en todas sus modalidades las grandes urbes, en donde nadie puede salir de noche por miedo a ser secuestrado por expertos o inexpertos bandidos, como sea, eso no puede seguir siendo normalizado.
La falta de legitimidad y credibilidad en partidos políticos tradicionales, caudillismos eternos, sin resolución eficiente a los problemas de la nación que perdimos, no se hacen esperar, las agendas de seguridad a los ciudadanos quedaron a un lado, hoy más que nunca es imperativo la sensibilización de cada uno de nuestros amigos, de lo que se juega en este año electoral, quizás esta sea la elección más difícil de la que tengamos referencia desde el 2014, han pasado cerca de 12 años desde entonces, y las garantías ciudadanas en seguridad ciudadana y seguridad jurídica son cosas de la historia, en donde el orden y la libertad no son un baluarte de la nación.
Las componendas están al orden del día, y llego la hora de recuperar el verdadero rumbo que necesita Colombia, pasar de un país de “proletarios” a un país de propietarios, y para ello necesitamos lideres nuevos, jóvenes, comprometidos, serios, transparentes pero no incautos, donde las reformas prometidas pasen de los discursos a contenidos programáticos serios, y de ahí a ejecuciones institucionales solidas que garanticen a las nuevas generaciones principios estructurales inamovibles, para garantizar a los nacionales no solo poder salir en la noche, y descansar tranquilos, sino porque hay un aparato institucional de justicia que trabaja 24-7 para brindar garantías de seguridad jurídica para el bien común.
El próximo ejecutivo deberá garantizar esa estabilidad institucional en la justicia, donde cobre vital importancia una verdadera y real reforma a la justicia, que enarbole el Orden y la Libertad, y es que ninguna nación puede garantizar libertad a sus connacionales si no existe un orden, si no existen unos parámetros establecidos que garanticen el ejercicio pleno de esa libertad de poder salir de noche, para ello es imperativa esa reforma a la justicia que articule decisiones de raíz como ningún beneficio para autores de delitos de secuestro, y conexos, endurecimiento de penas más largas y establecimientos penitenciarios de administración privada para prisioneros responsables de tales delitos.
Una reforma a la justicia que de manera clara, concreta y coherente, traslade el instituto carcelario y penitenciario al sector defensa de manera urgente, e inicie una transición de guardia hibrida penitenciaria compuesta por policía y seguridad privada, que garantice resocialización de los prisioneros y no practicas postdoctorales del crimen y el hampa; una reforma a la justicia que logre agilizar las decisiones de conflictos o disputas menores, descongestionando despachos, apoyados por todos los abogados del país y la inteligencia artificial.
Estoy seguro que para la primera vuelta a la presidencia de la república debemos redoblar esfuerzos y rugir con fuerza, con la fuerza de la nación que soñamos para nuestros hijos, donde prime el orden y la libertad, por ello en mi caso votare por Abelardo.
Corolario: en la champeta popular y conocida, hay un aparte que dice “ya le cogí el maní a mi suegra le cogí el maní”, en esta campaña como en la pasada van a intentar una vez más antes de primera o segunda vuelta, enredar al Gran Colombiano, con un caso por supuesto delito de omisión, para mostrar independencia y equilibrio imputaran a la par probablemente a un posible responsable del más reciente magnicidio, para que parezca un asunto de equilibrio institucional.